miércoles, 20 de abril de 2016

Una guía fácil para entender a tu cliente directo en traducción



Muchos de nosotros soñamos con tener (varios) clientes directos como una manera de independizarse de las agencias de traducción. Sin embargo, la mayoría de nosotros no estamos acostumbrados a lidiar con este tipo de clientes y cometemos errores que al final pueden alejar a ese potencial cliente de nosotros. Creo que esto se debe a una gran incomprensión en cuanto a lo que es un cliente directo. Ese es el motivo de esta entrada: un ejercicio de comprensión sobre qué es un cliente directo.

QUÉ NO ES UN CLIENTE DE TRADUCCIÓN

En primer lugar, debemos saber lo que NO es un cliente de traducción:
1)      Un trabajo de oficina en el que tu candidatura está compitiendo contra la de otros.
Aunque esto es así en muchos casos, un cliente de traducción no es el típico trabajo en el que tú estás ocho horas al día en una oficina encadenado al frente de la computadora. Esto es especialmente importante para definir la estrategia que debemos usar al momento de ofrecer nuestros servicios: nada de cartas de buenas intenciones en las que solo se muestra lo mucho que se ha hecho sino el cómo puedes tú ayudar a esa entidad o persona a solucionar su problema o necesidad.
2)      Un puesto de trabajo en el que te van mantener ocupado cuarenta horas a la semana.
Esto lo mencioné con anterioridad, pero este mantra te permite establecer tus tarifas, calculadas en torno al hecho de que podrías o no tener trabajo al día siguiente después de entregar tu proyecto, por lo que se hace imprescindible cobrar de forma tal que te permita vivir lo suficientemente cómodo hasta que llegue el siguiente cliente (en otra publicación hablaré sobre la regla de los tres días).
3)      Un empleador que conoce cómo es tu trabajo (y los presupuestos, limitaciones y complejidades del mismo).
Aquí corresponde entonces un trabajo de educación por parte del traductor, quien debe hacer ver al cliente el por qué su trabajo vale lo que se está cobrando, los tiempos de duración razonables en los que se puede desarrollar el proyecto y los límites de la labor del servicio (sobre todo cuando se maneja clientes directos).
4)      Un empleador que te pagará un salario justo y que comprende por qué de tu precio.
Como cliente, estará buscando la mejor calidad al precio más bajo (cost-effectiveness). Es tu deber como traductor educarlo al respecto y mostrar el valor agregado que representas tú y tu marca. Incluso, para clientes de bajos presupuestos, puedes ofrecer servicios de bajo presupuesto (hablaré de eso en otra entrada) y ofrecer un abanico de opciones de precios para cada uno, según convenga, sin bajar, claro está, de una tarifa que sea lo suficientemente decente para vivir (ver entrada sobre el corte del barbero) y siempre que consideres otros aspectos como posible colaboración a largo plazo, relevancia del cliente, interés en el proyecto, perspectivas que abre ese cliente en el mundo profesional, entre otros aspectos.
5)      Un empleador en el que asciendes posiciones según la antigüedad.
Creo que esto es muy importante a la hora de establecer tu tarifa, pues tu cliente no estará propenso luego a dar un gran salto en ella, a no ser que justifiques que tu valor de servicio ha subido (vean la entrada sobre el valor agregado en la traducción que haré próximamente).

QUÉ ES UN CLIENTE DE TRADUCCIÓN

Hemos visto lo que NO es un cliente de traducción. Ahora veamos lo que SÍ es un cliente de traducción:
1)      Es una entidad, persona, institución o empresa que tiene necesidad de un servicio profesional.
Este es el primer punto a considerar cuando ofrecemos un servicio de traducción: el cliente está buscándote porque tiene una necesidad de tus servicios y cree que tú la puedes cumplir (o tú quieres hacerle ver que la puedes cumplir). Por ende, es menester que te presentes como la persona idónea para resolver su problema y no como una persona que solo ha hecho cosas relacionadas a lo que él necesita.
Por ende, si logras mostrarle que tú puedes resolver su problema a un precio razonablemente equivalente al valor que le ofreces por tu servicio, estarás más cerca de conseguirlo.
 Es una entidad, persona, institución o empresa que no entiende bien lo que necesita.
Cuando vamos al médico, necesitamos saber lo que tenemos y esperamos que el profesional de la salud nos explique lo que necesitamos para curarnos lo antes posible. Igual sucede en la traducción: en muchas ocasiones, sobre todo cuando se trata de clientes directos, los clientes no entienden lo que necesitan exactamente. Ellos solo saben que necesitan traducir algo hacia un idioma, pero no entienden ni las complejidades ni lo que se necesita para que se realice completamente el servicio.
Por ende, al igual que hace el médico cuando padecemos de una enfermedad grave, debemos advertir al cliente sobre la dificultad que tiene el realizar su proyecto, los plazos de entrega y la tarifa justa al proyecto, incluso a riesgo de que esta pueda ser muy alta para realizar el proyecto (para eso el abanico de precios del que hablé con anterioridad). Igualmente, al igual que esperamos que el médico no nos envíe a quimioterapia por una gripe, debemos ser lo suficientemente profesionales para decirle que solo necesita traducir una pequeña parte del texto (o nada), incluso si eso nos priva de lo que podría ser un ingreso extra; el profesionalismo implica precisamente eso.
Ya definido qué es el cliente, podemos establecer una estrategia para ofrecer nuestros servicios:
1)      Diagnostica su problema y ofrécele solucionarlo.
Sencillamente, dile lo que necesita para resolver su problema y cómo tú puedes ayudarlo en eso. Hazle saber que en tus manos está la solución y que puede confiar totalmente en ti como su proveedor de servicios.
2)      Cuéntale cómo tu experiencia puede ayudarlo con su problema.
Aunque no se trate de la típica carta de credenciales para un trabajo fijo, el hecho de que tengas experiencia en el área que necesita le da garantía de que tú sabes cómo resolver su problema. Explica cómo tus experiencias pasadas te permitirán brindarle el servicio que espera.
3)      Ofrécele un abanico de opciones de precios que le den facilidad de pagos.
Háblale de plazos y explícale por qué de los lapsos. Háblale de tus servicios, y explica clara y concisamente lo que implica cada uno. Ofrécele varios precios dependiendo de varios factores como el tiempo de entrega, el volumen de traducción y otros servicios adicionales que ofrezcas como traductor. Si lo consideras adecuado, ofrece incluso facilidades de pago. Lo importante es que el cliente sienta que recibe un buen servicio a cambio de su dinero.
En las próximas entradas intentaré hablar sobre las agencias de traducción, la carta de presentación y el currículo de traducción.
Espero sus comentarios y poder compartir opiniones al respecto.
¡Hasta una próxima entrada de Traducir y Divertirse!



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